Inversión en Criptomonedas

La burbuja del Tulipán… ¿En Bitcoin?

tulipan bitcoin

En su libro Extraordinary Popular Delusions And The Madness Of Crowds (extraordinarios delirios populares y la locura de las masas), Charles MacKay explora la psicología de masas en distintos episodios de la humanidad que van desde lo hilarante hasta lo patético. No podía faltar la tulipomanía, la burbuja especulativa que se desarrolló en Holanda en el siglo XVII, que fue relativamente bien documentada por los cronistas de la época y cuya historia ha vuelto a la luz pública debido al surgimiento de comparaciones que sugieren el parecido entre las criptomonedas y este infame episodio especulativo .Todos conocen la historia en lo general, pero es en lo particular donde se adquiere el verdadero significado de las cosas.

Crecimiento del Tulipán


La historia, a continuación resumida, es tan inquietante como inusual: El tulipán es una planta exótica que a finales del siglo XVI vio un crecimiento en su importación desde Constantinopla a diversos países europeos, entre ellos Holanda.

En algún momento en la historia de su comercialización se descubrió que a causa de algunas debilidades orgánicas producto de los trasplantes, así como de diferentes enfermedades que les aquejaban, las atractivas flores podían desarrollar colores y morfologías únicas, lo cual aumentó de manera formidable su prestigio. La popularidad de estas variedades más exóticas de tulipanes aumentó rápidamente entre la nobleza al grado de considerarse de mal gusto que un noble no tuviera varios ejemplares para exhibir en su residencia.

Esta moda entre los estratos más altos de la sociedad aumentó la demanda del producto, y muchos nobles y productores comenzaron a hacerse expectativas del precio que podría llegar a alcanzar si su fama se esparcía en el resto de las casas nobles de Europa. Este aumento temporal de los precios junto con las altas expectativas sobre el futuro del producto, sirvieron como catalizadores en un efecto de retroalimentación, súbitamente, una gran cantidad de recursos comenzó a desviarse hacia esta actividad lucrativa que prometía serlo aún más.

 

El Tulipán superó al oro

La alta demanda de tulipanes con características atípicas, pronto provocó que comenzaran a negociarse contratos a futuro en la bolsa de Amsterdam, esto otorgó al producto una legitimidad tácita. Estos contratos a futuro funcionaban de la siguiente manera: Tanto los tulipanes como sus bulbos, más aún en sus variedades raras, eran extremadamente delicados y por lo tanto no podían cambiar de manos con frecuencia, lo anterior obligaba a mantenerlos en el mismo lugar y bajo los cuidados del mismo agricultor hasta que florecieran (cosa que podía tardar años) y llegara el momento de trasladarlos a su propietario definitivo. Lo más lógico entonces era que el interesado en obtener jugosas ganancias con la venta del tulipán comprara al agricultor no el tulipán o siquiera el bulbo, sino los derechos sobre el bulbo, derechos que ejercería cuando este floreciera y llegara el momento de venderlo y trasladarlo. Este contrato podría venderse más adelante a un tercero quien obtendría una ganancia, que a continuación vendería a un cuarto, quien también obtendría una ganancia, etc. Cada nuevo intermediario inflaba más el precio, y el siguiente intermediario lo compraba solamente porque esperaba inflarlo aún más.

 

Inflación del precio

De este modo el precio de un bulbo, o más adecuadamente expresado, el del contrato de futuro sobre el bulbo, estaba inflado incluso antes de llegar al comprador definitivo, y la locura se mantenía gracias a la fe que tenían los distintos intermediarios en que llegado el momento, algún millonario compraría el bulbo a un precio final del que saldrían las ganancias para sustentar toda la cadena de especulación. Pronto, ya no eran solamente los especuladores profesionales de la bolsa, sino también pescadores, mecánicos, ganaderos y gente de todas las profesiones, quienes se vieron involucradas en el asunto. Propiedades enteras se vendieron a precios bajos buscando tener la liquidez necesaria para comprar algún contrato sobre una variedad más o menos rara de tulipán. La noticia se extendió fuera de las fronteras y así fortunas extranjeras entraron a Holanda para unirse a la especulación, aumentando aún más la fragante burbuja.

 

Destrucción de la burbuja del tulipán


Tan endeble estructura no podía durar demasiado tiempo, cuando llegó el momento de buscar a los millonarios capaces de pagar por todo lo que la histeria había generado, se descubrió que el consumidor no es, después de todo, tan irracional como lo habían pensado.

Si bien algunos nobles pagaron las cantidades exorbitantes que se pedían por las variedades más raras de la flor, la mayoría prefirió dar otro uso a su dinero y llegó por fin la dosis de realidad que destruye las burbujas: Los stocks de tulipanes raros no se estaban vendiendo ni en las cantidades ni en los precios que se esperaban.

Los avispados se dieron cuenta de lo que pasaría pronto y se apresuraron a vender lo que pudieran con descuentos. Pronto, otros comenzaron a hacer lo mismo. El pánico se desató y repentinamente, todos, intentaban deshacerse de sus contratos, con la consecuente caída masiva de los precios. Al estar en caída libre los precios nadie estaba dispuesto a comprar, por lo que éstos se desplomaban aún más. Quienes lograron deshacerse de sus contratos antes de que reventara la burbuja, ganaron grandes cantidades.

Los que no, perdieron toda su inversión. Familias completas, que habían vendido todo e incluso se habían endeudado para unirse a la especulación, se vieron en la calle, con una hoja de contrato que tenía un valor prácticamente nulo. Todo el proceso duró aproximadamente cuatro años.

 

Bitcoin… ¿El próximo Tulipán?


Quien hace una comparación de la tulipomanía con Bitcoin y otras criptomonedas, no suele entrar en mucho detalle simplemente porque desconoce tanto la historia de la tulipomanía como de la tecnología blockchain. Existen desde luego coincidencias preocupantes:

Un aumento explosivo en la demanda (y por lo tanto en los precios) del producto.
Gente que se endeudó más allá de su capacidad de pago con la esperanza de recuperar con creces su inversión (con muy poco conocimiento real del producto).
Falta de regulación gubernamental.
Optimismo generalizado sobre el futuro.
Escasez del producto (recordemos que no fueron los tulipanes comunes los que dieron pie a la euforia, sino variedades raras cuyos únicos bulbos disponibles en muchas ocasiones podían contarse con los dedos de la mano).
Pero también hay diferencias fundamentales entre ambos esquemas:

La mayor parte de la especulación en el precio de los contratos a futuro en los bulbos se dio fuera del mercado final. Parte fundamental de la locura especulativa fue la cadena de intermediarios que no tenía información real sobre cuál sería el precio final del bulbo una vez llegara al último eslabón (el consumidor). Las criptomonedas en cambio son activos que se compran y venden directamente, sin más intermediarios que el necesario para arreglar la operación de compraventa (casas de cambio). Toda persona que adquiere Bitcoins está adquiriendo el producto final, es decir, en todo momento, por definición, el consumidor final estuvo dispuesto a pagar por el producto.

 

Efimeridad

Los bulbos y tulipanes eran mercancías extremadamente efímeras. Las personas que se involucraron en ese negocio sabían que, ganancias de por medio o no, tenían que deshacerse de sus contratos tan pronto como fuera posible, de ahí que la burbuja reventara a la primera señal de peligro. Las criptomonedas en cambio son en esencia eternas, y por más que sean compradas a un precio inflado y este caiga, no tendría por qué existir prisa por venderlas (HODL), de modo que es perfectamente posible esperar un momento más propicio para vender, en lugar de abandonarse a la locura.

En otras palabras, en el mercado de criptomonedas existe un factor de urgencia mucho menor que en el de un activo efímero, lo que ayuda a que los inversores no se vean obligados a tomar decisiones apresuradas.

La única utilidad de los contratos de futuros sobre los bulbos, eran los retornos sobre la inversión, es decir, la posibilidad de venderlo a más dinero del que lo compraste. En el momento en que el ROI bajó de cero, la estructura se desplomó.

 

Las Criptomonedas como instrumento

Las criptomonedas son instrumentos atractivos incluso con un ROI negativo por una sencilla razón: ningún gobierno puede meterle mano. Quien no reconozca el valor de este recurso, probablemente tiene la fortuna de no vivir ni en un infierno fascista ni en un paraíso socialista. La realidad es que incluso perdiendo un 5% de su valor cada año, las criptomonedas seguirían siendo un instrumento atractivo en muchos países, debido tanto a la pérdida de valor del dinero fiat, como a la posibilidad de evadir controles.
La tulipomanía fue una burbuja en constante crecimiento hasta que llegó al punto de saturación de mercado y colapsó súbitamente. Esa es de hecho, la razón por la cual se les llama burbujas: crecimiento exponencial seguido por la explosión. Bitcoin ha llegado a perder el 40% de su valor e incluso pasar años con rendimientos mayoritariamente negativos, y esto no ha evitado que aumente poco a poco su demanda. Esto es particularmente importante: Quien hace comparaciones de Bitcoin con la tulipomanía evita mencionar que las condiciones para una explosión de burbuja y el consecuente fin de Bitcoin, se han dado ya en muchísimas ocasiones, suficientes como para que alguien haya decidido llevar registro de las veces que se ha declarado muerto a Bitcoin. Sin embargo, en cada ocasión, Bitcoin recupera tarde o temprano su crecimiento.

 

Criptomonedas vs tulipanes

En resumen, comparar las criptomonedas con tulipanes resulta más un sesgo de confirmación (ignorar las pruebas en contra y señalar las pruebas a favor). Por más que sus detractores intenten alegar que no tienen ningún valor intrínseco, la realidad es que las criptomonedas tienen valor por su capacidad comprobada para saltar bloqueos gubernamentales e institucionales, la seguridad de sus protocolos, su potencialmente infinita divisibilidad, la capacidad de mantener el anonimato (o al menos dificultar el rastreo) y la facilidad de transferirlas. Ninguna moneda o valor refugio había ofrecido antes todo eso. Son las ventajas tangibles de las criptomonedas las que le permiten que exista un mercado.

Es indudable que actualmente muchas personas están entrando en este esquema buscando dinero fácil y sin pensar en las ventajas que hemos mencionado, o las desventajas, que lógicamente existen. Precisamente estos “inversores” muy dados a entrar en pánico, comprar caro y vender barato, son los principales causantes de los aumentos y bajadas espectaculares que han sufrido las criptomonedas durante el tiempo que llevan existiendo. Sin embargo, muchos otros ven las criptomonedas como una inversión a largo plazo y están dispuestos a retener sus stocks e incluso ampliarlos cuando llegan caídas fuertes. Este núcleo más duro de inversores es el que va a guiar a las criptomonedas hacia un camino que, algunos creemos, terminará dándoles el estatus de valor refugio.

Nadie niega que las criptomonedas pueden caer y desaparecer. Sus protocolos podrían ser irremediablemente vulnerados, mejores propuestas podrían arrebatarles su mercado, muchas cosas pueden causar que una nueva tecnología fracase, pero esos son riesgos que siempre han existido para los que apuestan por nuevas ideas. La alta rentabilidad de estas inversiones puede deberse en parte a expectativas infladas, cierto, pero también y sobre todo al riesgo asociado a apostar por una nueva tecnología. El riesgo y el lucro siempre han estado extremadamente relacionados, pero de eso ya hablaremos en otra entrada.

 

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